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León, un viaje maravilloso Recorrido por la ciudad de León página 2 por Armando G. Colino
Al fondo de la plaza, destacado por sus toscanas columnas tenemos el antiguo Consistorio o Palacio de Poridad, obra de Juan de Rivero Rada hacia 1585. Y, decimos antiguo, porque desde marzo de 1998 el Ayuntamiento capitalino se trasladó a una moderna y funcional sede en la avenida de Ordoño II, quedando aquí el Archivo Municipal.
También destaca un poco más adelante el llamado
palacio de los marqueses de Villasinta, perteneciente al
siglo XVI y obra de Juan del Ribero Rada, pero muy
reformado por un grave incendio que sufrió en 1908. No
es que el exceso de humedad o de agua hayan dado el
nombre al barrio, sino que son esos innumerables bares
distribuidos por sus múltiples callejas donde hemos de
tomar unos “vinos” de la tierra acompañados de sus
correspondientes “tapas”, una costumbre convertida
en tradición con el mero objetivo de hablar y reunirse
con los amigos, preámbulo para más tarde aventurarse
en los múltiples mesones de este idóneo enclave
gastronómico. Como dice el dicho: “Quien no vino a
León a beber vino, no se sabe bien a lo que vino”.
Inmediato
a esta última encontramos el primitivo Consistorio que tuvo la ciudad
de León, con vista a la emblemática Plaza Mayor y cuyas obras se
iniciaron en 1674. Realizado en piedra de sillería, su diseño es el de
un palacete con sendos chapiteles en sus extremos y su finalidad, servir
como palco municipal o “mirador de la ciudad”, para disfrutar las
autoridades locales de cuantas fiestas y corridas de toros se celebraban
en la plaza. Prueba de ello son sus amplias balconadas, rematadas en su
parte superior por un bello escudo barroco con las armas reales.
La
Plaza Mayor antaño “Plaza del Pan”, porque en ella
se vendían las distintas variedades elaboradas por los
artesanos dedicados a tan suculento oficio, se sostiene
sobre arcos de piedra blanca que soportan dos filas de
balcones, hasta un total de 120. Toda una maravilla de
castiza plaza española que ha llegado en buen estado
hasta nuestros días, para ser admirada en todo su
esplendor.
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