Tiene dos estilos claramente diferenciados: el dórico en su parte inferior y, el jónico para la superior, rematado por un ático con el escudo de la ciudad y el del entonces corregidor, don Juan de Ozaeta.  

         A su lado se halla una gran casa-palacio de ladrillo visto y portada de piedra de sillería, mandada construir hacia 1672 por don Alejo Olmos Pimentel, Caballero de Santiago y Regidor perpetuo de la ciudad. En la actualidad es propiedad de una Sociedad Recreativa. Finalmente, y enfrente al Consistorio, nos llama la atención una casa de portada renacentista con amplio escudo de armas. Perteneció a los Manrique, y fue levantada hacia finales del siglo XVII. 

      Si es de una anchura normal, ¿sabes porqué la llaman calle Ancha? Pues esta calle en la que ahora nos hallamos y que nos lleva directamente a la catedral, es todo un cúmulo de hermosas casas particulares que embellecen y dignifican la vía. En su mayoría son construcciones de estilo clásico, levantadas a finales del siglo XIX y principios del XX, de una gran riqueza decorativa en sus balcones y miradores, e incluso con incrustaciones cerámicas del gran Daniel de Zuloaga. Es muy recomendable una visita detallada a la calle, así como sus aledañas, para retraernos a la belleza y recuerdos de tiempos pasados.  

   Al poco de iniciarse, encontramos a nuestra derecha una mínima capilla. Se conoce con el nombre de Santo Cristo de la Victoria, y se dice que ocupa el solar donde antaño estuvo la casa del centurión Marcelo. Hacia 1885, Demetrio de los Ríos realizó una reforma en la misma que supuso una merma de su superficie, al ser recortada desde la mitad de la calle hasta el pequeño espacio que en la actualidad ocupa, dando lugar a que los leoneses se sorprendieran de la anchura que tomó la calle. 

 

    Es el corazón del más rancio e histórico León que nos recuerda, en los rótulos que dan nombre a sus calles, la ocupación antaño de las mismas por los gremios de la denostada y perseguida raza judía: Platerías, Azabachería, Zapaterías, Carnicerías, Santa Cruz...

No quedan restos de la antigua sinagoga, pero todavía podemos admirar la conocida Casa de las Carnicerías, de portada clásica y fachada en piedra de sillería, un emblemático edificio levantado en 1561 cuya función era el abastecimiento de carnes a la ciudad; el palacio de los Marqueses de Jabalquinto, típica mansión noble leonesa del siglo XVII, que luce un hermoso balcón volado con magnífico escudo blasonado; la pequeña iglesia de San Salvador de Palat del Rey que, en palabras de Gómez Moreno, se considera “la iglesia histórica más antigua de la ciudad y que ha conservado su ostentoso nombre...”; la iglesia de San Martín, primer núcleo parroquial que tuvo la urbe y que ha dado nombre a esta extensa barriada; el palacio de Don Gutierre...  

 

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León, un viaje maravilloso

Recorrido por la ciudad de León   página 2

                 por     Armando G. Colino

                            

 

    Al fondo de la plaza, destacado por sus toscanas columnas tenemos el antiguo Consistorio o Palacio de Poridad, obra de Juan de Rivero Rada hacia 1585. Y, decimos antiguo, porque desde marzo de 1998 el Ayuntamiento capitalino se trasladó a una moderna y funcional sede en la avenida de Ordoño II, quedando aquí el Archivo Municipal.

   

 

También destaca un poco más adelante el llamado palacio de los marqueses de Villasinta, perteneciente al siglo XVI y obra de Juan del Ribero Rada, pero muy reformado por un grave incendio que sufrió en 1908.     Subiendo como decimos por la calle Ancha, entramos en la ciudad antigua, dejando a nuestra derecha el popular “Barrio Húmedo”, y a la izquierda el “Barrio Romántico”. Vamos a adentrarnos en el primero, porque su visita es obligada si vienes a León.

No es que el exceso de humedad o de agua hayan dado el nombre al barrio, sino que son esos innumerables bares distribuidos por sus múltiples callejas donde hemos de tomar unos “vinos” de la tierra acompañados de sus correspondientes “tapas”, una costumbre convertida en tradición con el mero objetivo de hablar y reunirse con los amigos, preámbulo para más tarde aventurarse en los múltiples mesones de este idóneo enclave gastronómico. Como dice el dicho: “Quien no vino a León a beber vino, no se sabe bien a lo que vino”.  

 

 

Inmediato a esta última encontramos el primitivo Consistorio que tuvo la ciudad de León, con vista a la emblemática Plaza Mayor y cuyas obras se iniciaron en 1674. Realizado en piedra de sillería, su diseño es el de un palacete con sendos chapiteles en sus extremos y su finalidad, servir como palco municipal o “mirador de la ciudad”, para disfrutar las autoridades locales de cuantas fiestas y corridas de toros se celebraban en la plaza. Prueba de ello son sus amplias balconadas, rematadas en su parte superior por un bello escudo barroco con las armas reales.

      La Plaza Mayor antaño “Plaza del Pan”, porque en ella se vendían las distintas variedades elaboradas por los artesanos dedicados a tan suculento oficio, se sostiene sobre arcos de piedra blanca que soportan dos filas de balcones, hasta un total de 120. Toda una maravilla de castiza plaza española que ha llegado en buen estado hasta nuestros días, para ser admirada en todo su esplendor.