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León, un viaje maravilloso Recorrido por la ciudad de León página 3 por Armando G. Colino
Y ya que hablamos de “plazas”, hemos de referirnos a
otra cercana conocida como de Santa María del Mercado o
del Camino, cuyo nombre recibe por la cercana y
antiquísima construcción mariana que se asienta a la
vera de uno de sus lados, vinculada desde siempre al
Camino de Santiago que pasa por delante de ella. Popularmente se denomina como Plaza del Grano, y es una prodigio de “plaza de pueblo” por su piso empedrado. Un crucero restaurado recientemente, en clara alusión al cadalso público aunque nunca fuera utilizado como tal, sirve de referencia del lugar donde según la tradición fue encontrada la antigua imagen de la Virgen, un 9 de febrero del lejano año 560.
En el portaluz se eleva en una columna la estatua de la Virgen Blanca o Virgen de las Nieves, cuyo original se muestra en el interior y en la que puede leerse la fecha de 1456. Antiguamente a sus pies se dejaban los hijos no deseados y abandonados por sus madres. Cercana se encuentra otra pilastra de menor tamaño, conocida como el “Locus Apellationis”, donde se situaba el tribunal que en la Edad Media juzgaba y sentenciaba los delitos cometidos en la ciudad. En su interior además de la recomendada visita al museo, disfrutaremos de sus casi 1.800 metros cuadrados de vidrieras que producen un efecto estético inolvidable cuando el sol las atraviesa, siendo también muy aconsejable solazarse en su iluminación nocturna. Frente a la fachada sur de nuestra “Pulchra Leonina” tenemos el Seminario Mayor de San Froilán y el Palacio Episcopal, cuyas obras se iniciaron a finales del siglo XIX. En el lado opuesto encontramos la “Casa de la Lonja”, construida en 1750 como vivienda del lonjero o custodio de la iglesia; el arquitecto Manuel de Cárdenas levantó el soberbio edificio de granito y trazas medievales, inaugurado en 1925 para el servicio de telégrafos; y, finalmente, la casa solariega de don Francisco Fernández Blanco de Sierra Pambley, actualmente convertida en museo. Ya en el exterior, una veintena de manos sirven de homenaje a los constructores de las catedrales, representados en una escultura que realizara Juan Carlos Uriarte; en otro punto, Jesús Trapote situó un padre admirando la Catedral junto a su hijo. Ambas se instalaron en 1997.
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