En el otro extremo hay una monumental fuente inaugurada en 1789, con columna coronada con el escudo de León y dos robustos niños que abrazan la ciudad, simbolizando los dos ríos que la circundan: el Bernesga y el Torío.  

   Nos dirigimos ahora al punto más alto de la urbe, donde se asienta la afamada Catedral leonesa, la “Pulchra Leonina” que mejor simboliza la augusta majestad de la historia local. Sobre lo que fuera el gimnasio y las termas del primitivo campamento romano, el monarca Ordoño II mandó construir su palacio pero, tras la victoria lograda en San Esteban de Gormaz en 1073, ordenaría levantar una catedral románica, consagrada a Santa María.

    Llegado el siglo XIII se determinó erigir una gran catedral gótica, derribando y suprimiendo la primitiva románica. Allí, bajo la dirección del maestro Enrique, trabajaría toda una pléyade de artistas logrando ese milagro de piedra y luz que es la Catedral leonesa.  

 

Desde la plaza y, a través de recogidas y silenciosas callejuelas que conforman el viejo León más castizo y típico, o bien retrocediendo unos metros por el ya mencionado “Barrio Romántico”, podremos trasladarnos hasta la Real Basílica de San Isidoro. Pero vamos a hacerlo desde el ábside catedralicio y así, visionar las impresionantes murallas de época romana y posteriores.  

Aún perviven en la ciudad diversos vestigios defensivos de la vieja Muralla Legionaria, que constituían la faja castrense que envolvía León para protegerla de los ataques enemigos. Ha sufrido y todavía sufre diversas restauraciones, sobre todo durante los reinados de Ordoño II, Alfonso V y Alfonso XI. Se pueden observar, intercalados en su masa pétrea de canto rodado y argamasa, unos cubos almenados, a modo de torreones que imponen por su altura y defensa.

Atravesando una de las puertas del viejo recinto, conocida como Arco de Puerta Castillo o “puerta documana”, dejamos a nuestra derecha el que fuera primitivo castillo de la ciudad, cuya procedencia exacta se desconoce pero que bien podría tener origen romano. Dos altos murallones redondeados que abrazan la primitiva fortaleza, semejantes a la punta que remata la proa de un barco hicieron que el pueblo llano lo denominará como “el espolón”, llegando con dicho nombre a nuestros días.  

León, un viaje maravilloso

Recorrido por la ciudad de León   página 3

                       por     Armando G. Colino

 

        Y ya que hablamos de “plazas”, hemos de referirnos a otra cercana conocida como de Santa María del Mercado o del Camino, cuyo nombre recibe por la cercana y antiquísima construcción mariana que se asienta a la vera de uno de sus lados, vinculada desde siempre al Camino de Santiago que pasa por delante de ella.

        Popularmente se denomina como Plaza del Grano, y es una prodigio de “plaza de pueblo” por su piso empedrado.     Un crucero restaurado recientemente, en clara alusión al cadalso público aunque nunca fuera utilizado como tal, sirve de referencia del lugar donde según la tradición fue encontrada la antigua imagen de la Virgen, un 9 de febrero del lejano año 560.

    

En el portaluz se eleva en una columna la estatua de la Virgen Blanca o Virgen de las Nieves, cuyo original se muestra en el interior y en la que puede leerse la fecha de 1456. Antiguamente a sus pies se dejaban los hijos no deseados y abandonados por sus madres.

Cercana se encuentra otra pilastra de menor tamaño, conocida como el “Locus Apellationis”, donde se situaba el tribunal que en la Edad Media juzgaba y sentenciaba los delitos cometidos en la ciudad. En su interior además de la recomendada visita al museo, disfrutaremos de sus casi 1.800 metros cuadrados de vidrieras que producen un efecto estético inolvidable cuando el sol las atraviesa, siendo también muy aconsejable solazarse en su iluminación nocturna.

Frente a la fachada sur de nuestra “Pulchra Leonina” tenemos el Seminario Mayor de San Froilán y el Palacio Episcopal, cuyas obras se iniciaron a finales del siglo XIX. En el lado opuesto encontramos la “Casa de la Lonja”, construida en 1750 como vivienda del lonjero o custodio de la iglesia; el arquitecto Manuel de Cárdenas levantó el soberbio edificio de granito y trazas medievales, inaugurado en 1925 para el servicio de telégrafos; y, finalmente, la casa solariega de don Francisco Fernández Blanco de Sierra Pambley, actualmente convertida en museo.

Ya en el exterior, una veintena de manos sirven de homenaje a los constructores de las catedrales, representados en una escultura que realizara Juan Carlos Uriarte; en otro punto, Jesús Trapote situó un padre admirando la Catedral junto a su hijo. Ambas se instalaron en 1997.

          

 

 

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